Junto a la oscuridad y la nada, mientras se retoca el pelo esperando una señal, cree oír palabras salidas de un rincón a miles de kilómetros de distancia. Todas esas palabras que no pudo ver ayer. Lo ha imaginado tantas veces que le parece estar desgastando ideales. Ni siquiera una tarde de policromía románica es suficiente para convencerla de que nada cambia radicalmente en la milésima de segundo en que pestañea. Lo que sucede en verdad es que intenta evadir realidades, así que trata de demostrarse que es imposible convertir fantasías en algo más que simples utopías vacías. Realmente es una cobarde, por eso necesita un señor Dufayel en la escalera de al lado que le diga que se olvide de estratagemas innecesarias, porque da igual tener los ojos abiertos o cerrados cuando todo se corresponde y cuando lo único que queda es actuar.
domingo, 20 de febrero de 2011
martes, 15 de febrero de 2011
Luces de neón
Mientras propones un panteísmo absurdo, donde todo es nada y nada es todo, todos oyen sólo lo que quieren escuchar. ¿No ves que nadie hace preguntas sin respuesta? Dices que las Musas se han muerto, o que las has matado tú, igual que Nietzsche a Dios. Tal vez es cierto y por eso nadie es capaz ya de escribir poemas épicos acerca de odiseas sin sentido en noches de sábado. Y sin embargo las luces siguen siendo igual de brillantes.
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